Se dice que el número de embarazos en adolescentes incrementa y suelen verse más estos casos en la comunidad latina, pero Heather Bulfinch opina lo contrario. Para ésta profesora, esto es una simple declaración, por lo menos, en la preparatoria Davis, en Yakima.

En sus siete años a cargo del programa GRADS (Graduation, Reality And Dual-role Skills) la cantidad de estudiantes que han asistido a su clase ha sido similar, dice Bulfinch, mientras mira las estadísticas en su computadora dentro de su salón.

En la escuela hay más de 2,000 alumnos, explica la maestra de familia y ciencias del consumo- para ser exactos, Davis tiene 2100 alumnos inscritos- de éstos, 22 están en su clase. Esto no quiere decir que no haya más afuera, sin embargo los números no han variado, expresa la maestra, quien por cierto, mantiene una colección de fotografías de sus alumnos graduados.

Para Bulfinch lo importante es ayudar a sus estudiantes a encontrar recursos para enfrentar un embarazo, criar a su hijo y terminar la educación media, aclara.

Las estadísticas apuntan que entre el periodo 2006-2012, 70 por ciento de los estudiantes con embarazo concluyeron la preparatoria. “Más que el 50 por ciento, que es en el país, y 20 por ciento fueron al colegio”, dijo, la también encargada de la guardería en Davis.

¿Y si son latinos o no? En la preparatoria Davis, el 80 por ciento de los estudiantes es de origen latino, las estadísticas en embarazos muestran una escala similar, explica Bulfinch.

Muchos de sus alumnos se embarazan porque “se enamoran, piensan que es tiempo de tener hijos, por accidente”, explica la profesora. En su clase ella les enseña – con su propio conocimiento y con ayuda de especialistas de dependencias externas– cómo recibir cuidados prenatales, hablar con sus padres, que se encuentren en situación segura, buscar recursos para el parto, cuidado de su bebé para seguir sus estudios y ser padres a la vez. Además, para prevenir un segundo embarazo mientras concluyen su educación, explica Bulfinch, antes de iniciar su clase.

Con entusiasmo Bulfinch recibe y saluda a sus alumnos. Este día hay dos invitadas en la clase, ellas hablarán del cuidado del bebé después del parto. Las alumnas se muestran entusiasmadas e igual un alumno, porque a la clase también asisten padres, dijo la profesora durante la entrevista.

No es divertido.

En una de las dos mesas atrás, está Ashley Chatman, de 17 años de edad y madre de Va’niyah, de dos años de edad. A ella le faltan dos años para graduarse, y a pesar de que adora a su hija, hubiera deseado esperar más tiempo para convertirse en madre.

En plena adolescencia, con sólo 14 años de edad, Chatman descubrió que estaba embarazada de su novio con quien vivía. El muchacho de 18 años –en ese entonces- negó la paternidad cuando la muchacha le confesó su estado. La abandonó durante el embarazo, no acudió a su parto y hasta hoy no reconoce a la pequeña.

Toda su familia, excepto él, “la quieren”. “Tengo mucha ayuda de ellos, me ayudan a cuidarla, con pañales o ropa, si no tiene”, dijo Chatman indicando que acudió donde la maestra Bulfinch después de que nació su bebé.

“Ella habló conmigo [sobre la opción de] adopción o cuidar a mi bebé, [ó sobre] lo que quería hacer para seguir adelante…”, resaltó.

Su vida dio un giro completo con la llegada de su hija. Estudia de lunes a viernes, trabaja cuatro días a la semana, pero también es madre. Los descansos de la escuela ahora los ocupa para hacer su tarea, y aún en clase, se asegura de no dejar trabajos pendientes para la tarde.

Después de la salida, se dirige a su trabajo, como ayudante de cocina de un centro de cuidados para personas de la tercera edad. El resto de la noche la pasa con su hija, quien entre la guardería y sus familiares, distribuye su tiempo mientras llega su mamá a casa.

Chatman, reflexiona sobre su situación y les dice a las jóvenes que no se embaracen. “¿Por qué te quieres embazar? Espera, porque esto no es divertido. Cuando tienes un hijo, [debes de dedicarle] todo tu tiempo, no se trata de ti. No tienes descanso, se trata de tu niño”, dijo.

Por ahora, el sueño de ésta joven madre es terminar su educación en 2014 e ingresar al Colegio Comunitario de Yakima (YVCC) para estudiar una carrera relacionada al cuidado de personas en de la tercera edad. ¿Y casarse o tener más hijos? No, por mucho tiempo.

Aún con amor…

En la misma mesa está Jesica Rodríguez, madre de Rubí, de sólo un año de edad. Pero ésta niña fue planeada, detalló la madre.

“Estaba viviendo con mi novio y decidimos tener un hijo”, pero Rodríguez no sabía con detalle las implicancias que lleva criar a un hijo.

Aunque su novio estuvo presente durante el nacimiento de Rubí y cuenta con el apoyo de su familia, ésta madre de sólo 17 años de edad vive como madre soltera. Su novio está estacionado en Carolina del Norte prestando servicio militar y no regresará por cuatro años más.

La guardería en la preparatoria Davis le ayuda porque ahí cuidan de Rubí, dijo Rodríguez. En la clase de Bulfinch aprendió cómo ser madre y conocimientos básicos sobre crianza.

“He aprendido las responsabilidades de ser madre y estudiante. A balancear mi tiempo y mi dinero”, dijo Rodríguez quien aspira culminar la preparatoria para luego ingresar a la universidad.