Hoy Higinio González luce fuerte, sus niveles de colesterol y de glucosa son aceptables. Cada semana juega fútbol y todos los días ejercita en una máquina para caminar. Acude a un chequeo con su doctor cada seis meses y pone especial atención en su salud y disfrutar de su familia.

Su filosofía es “no tomar las cosas a la ligera”, sabe por experiencia propia que en cualquier momento un ser humano puede perder la vida. Durante la semana, recorre la huerta donde trabaja como supervisor y aplica su experiencia en la agricultura por casi dos décadas, pero no realiza trabajos pesados.

Hace seis años González se electrocutó mientras laboraba en una huerta de Wapato. Después del accidente, que lo llevó por primera vez a un hospital y donde casi perdió su vida, sus brazos perdieron su fuerza para laborar y su corazón se hizo vulnerable a un posible ataque, que según los médicos que lo atendieron, podría suceder en un año.

Una tarde de marzo de 2009, González vio en riesgo su vida por segunda vez. “Me dolía el pecho, me dolía la mano izquierda, me fui a mi cuarto y le dije a mi hija que llamara al 911. No podía respirar, no me podía enderezar, no podía hablar por el dolor que adormecía la quijada”, narra González.

En su interior él sabía que sufría un ataque cardiaco porque aprendió a reconocer los síntomas durante un curso de Resucitación Cardiopulmonar (RCP) y de primeros auxilios que le dieron en su trabajo. Aún con conocimiento de causa, no podía hacer nada por sí mismo.

El tiempo de espera “se me hizo eterno”, dijo González. Su otra hija llamó a un compadre voluntario en los bomberos, quien vino, lo acostó, le quito los zapatos y le sobó los pies y las manos. Su hija menor tenía en el teléfono una operadora del 911 mientras llegaba a su casa, en Wapato, una ambulancia de la ciudad de Yakima.

“Tenía miedo de lo que pudiera pasar”, comenta González. Le costaba trabajo respirar y la espera de los paramédicos se hacía larga. Sin ninguna noción del tiempo, Higinio vio entrar a quienes colocaron una máscara de oxígeno y una inyección para estabilizar el pulso (presión arterial muy alta), recuerda González.

Su viaje en ambulancia terminó en la sala de emergencias de un hospital. Higinio pasó el resto del día en cuidado intensivo y conectado a una máquina. Al día siguiente, salió sin daños secundarios.

González retuvo por segunda ocasión el milagro de la vida tras sobrevivir a un ataque cardiaco. Este día nos cuenta su historia, pero no sabe con exactitud que fue víctima de uno de los males del corazón que arrebata más vidas en este país y deja discapacitadas a muchas de sus víctimas.

A decir verdad, no sólo los ataques al corazón, sino todas las enfermedades relacionadas con este órgano vital son la principal causa de muerte en Estados Unidos, reportan los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Según estadísticas de CDC más de 600 mil estadounidenses mueren cada año debido a enfermedades del corazón. “Esto representa casi el 25 por ciento de todas las muertes en Estados Unidos”, dicen los CDC.

El panorama no es muy distinto en Yakima. En su experiencia profesional, el cardiólogo Oscar Bailón, del Hospital Regional de Yakima, vislumbra un futuro preocupante si no se actúa con rapidez, especialmente en las próximas generaciones de la comunidad latina.

“En el futuro los jóvenes y los adultos tendrán problemas cardiovasculares, habrá una epidemia…”, detalló Bailón al explicar que esto puede evitarse si se controlan factores de riesgo.

Los jóvenes deben mantenerse en actividades físicas, evitar al máximo el consumo de alcohol y tabaco y vivir de forma saludable, recomienda el cardiólogo. Si se es mayor de 30 años, las visitas periódicas al doctor son necesarias para revisar la presión, los niveles de glucosa, el colesterol, la diabetes, peso, etc.

Existen problemas del corazón congénitos, sin embargo sólo representan el diez por ciento de los casos, aclara el especialista. El resto depende de “que la comunidad tome conciencia de que la gran mayoría de los problemas del corazón se pueden prevenir”, afirmó Bailón.

A pesar de que la prevención es clave, lo cierto es que todavía una parte importante de la comunidad latina acude al doctor cuando ya padece una enfermedad y quiere revertir los daños, puntualizó Bailón, basado en su experiencia médica en Perú, Baltimore, Texas y ahora, en Yakima. “El reto es revertir esta tendencia”, subrayó.

Al doctor Bailón se une la opinión de Bertha González, del Hospital Memorial de Yakima, quien como coordinadora de educación para la salud en la comunidad latina trabaja en diversos programas que afectan a los hispanos del condado.

“Las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte y suceden en casa…La gente me dice: no tengo dinero para el médico. Hágase su propio médico, aprenda cómo ser saludable, haga ejercicio, baje de peso, aprenda lo que más pueda sobre su salud…”, sugirió González.

Y esto es lo que González trata de hacer cada día. A sus 39 años, mantiene una vida saludable ya que su esposa, sus dos hijas y su hijo lo necesitan, y él a ellos. Su vida es un “milagro”, subrayó.

“Me rio más que antes y soy más consciente para ayudar a otras personas”, dijo.