Con un café con leche y una empanada de calabaza, comienzo éste Día de Acción de dar Gracias, deseando que todos ustedes lo celebren en buena salud y felices, en compañía de sus familias (mi primer trago de café).

Como he escrito en anteriores columnas, la pobreza en el barrio donde nací era extrema. Se sentía más dura en días de fiesta nacional, tal como en el último jueves, del mes de noviembre. En los 18 años que viví en San Diego, Texas, no recuerdo que haya visto a mi madre o mi abuela cocinar un guajolote durante éste día de Fiesta Nacional. La verdad, era raro el olor de un guajolote cocinándose en las estufas de leña de los vecinos.

En ocasiones llegaba la tía Eliza, la florista del pueblo, para compartir la comida de su mesa; tajadas del pavo, jamón, frijoles y arroz con rebanadas de pastel de calabaza. Todo en un plato grande y que en una pasada entre mi madre, abuela y yo, el plato quedaba limpio. Aun así, había comida en la mesa de mi hogar.

Sabiendo que no había dinero para comprar un guajolote, mi abuela siempre planeaba una comida de tamales. Cuando no había carne de puerco, los tamales eran de frijol, o de elote dulce o simplemente eran blancos. Lo importante, era que sabíamos que el día era especial. Era el Día de Acción de Dar Gracias (otro trago de café).

En los años tempranos de mi educación, y durante la semana antes del cuarto jueves del mes, la maestra nos ponía dibujos de guajolotes en los escritorios para colorear; el gaznate del pavo siempre era rojo. Para el miércoles toda la pared del cuarto estaba adornada de dibujos con guajolotes en diferentes colores.

Entre el uso de las crayolas, siempre había tiempo para escuchar la historia —repetida cada año— de cómo comenzó ésta tradición de comer pavo. La plática era simple.

En el año 1620, una congregación de cien peregrinos del viejo mundo se atrevió salir al mar en una carabela cuyo nombre era Mayflower. Partieron de Inglaterra con rumbo a tierras nuevas. Buscaban un lugar solitario para vivir la libertad de su religión. La jornada fue larga y temerosa; tormentas en alta mar, enfermedades y quizás, arrepentimientos por haber decidido huir de su país. Los vientos, finalmente los llevaron a lo que hoy es el estado de Massachusetts, en un sitio conocido como Plymouth Rock.

Llegaron durante un mal tiempo; eran los últimos meses del año, tiempo duro para comenzar alguna cosecha. Cuenta la historia que, durante el primer año en estas tierras extrañas, más del 50 por ciento de los peregrinos murieron por causa de enfermedades. Los que sobrevivieron, hicieron amistad con una tribu de indígenas, los Iroquois. Estos nuevos amigos introdujeron a los peregrinos nuevas comidas nutritivas, como el maíz, calabazas, y otras legumbres.

Los peregrinos usaron sus destrezas para cocinar, creando nuevos platillos y postres. Los meses pasaron. Hubo buenas cosechas, y antes de que acabara el primer año, en noviembre, los peregrinos organizaron una gran fiesta e invitaron a sus nuevos amigos para compartir alimentos en una mesa grande.

Los Iroquois aceptaron la invitación, y trajeron carne de venado para compartir con los Peregrinos. Así fue que tuvieron ese primer Día para dar Gracias (mi último trago de café).

Uno de los primeros actos del Presidente George Washington, fue la declaración para celebrar un Día de Dar Gracias, el 26 de noviembre de cada año. En l863, después del fin de la Guerra Civil, el Presidente Abran Lincoln hizo otra declaración: celebrar el Día de Gracias, el último jueves de noviembre. Finalmente, el Presidente Franklin Roosevelt hizo la última clarificación: celebrarlo en el cuarto jueves de Noviembre.

Una vez más celebramos este Día de Acción de Dar Gracias, hoy jueves, 22 de noviembre. Hay que dar gracias por nuestra vida, nuestra salud, el bienestar de la familia, las buenas amistades, la belleza natural que nos rodea, la abundancia de comida, nuestros empleos, los tiempos modernos y las conveniencias, por tener la esperanza de que haya paz en el mundo y por tener la libertad de religión con una fe solida en Dios para seguir gozando de la vida con esperanza de una mejor.

Paz y buen Día de Acción de Dar Gracias.

• Ricardo García es un columnista del Valle que contribuye semanalmente con ésta publicación. Tomando Café, representa la opinión personal de García y no necesariamente la de El Sol de Yakima.