Para Horacio Campos, un inmigrante mexicano que tiene 14 años viviendo en Yakima como indocumentado, la realización de una reforma migratoria en Estados Unidos, es un tema de prioridad mucho más que personal. No sólo podría ayudarle a cambiar el rumbo de su vida, sino también la de su esposa y las de sus tres hijas.

Campos, quien trabaja como carnicero, afirma que obtener un estatus legal en el país, podría ayudarle a conseguir un trabajo mejor remunerado y así, apoyar en la educación superior de sus hijas.

“Como padre me siento impotente porque no tengo dinero para pagarles una universidad. Siento como si estuviera atado de manos”, dijo Campos en entrevista con El Sol de Yakima.

“[El arribo] de una reforma migratoria podría cambiar mi situación, buscaría un mejor trabajo y accedería a créditos para que mis hijas puedan realizarse profesionalmente”, subrayó.

Campos, fue uno de los casi 40 participantes que se reunieron el 8 de noviembre, en la Iglesia Episcopal San Michael para discutir el tema de la reforma migratoria. La reunión se realizó dos días después de que el electorado estadounidense reafirmó la reelección del presidente Barack Obama.

Según un reporte de la agencia de noticias Associated Press eventos similares se llevaron a cabo el mismo día en distintas partes del país. Los inmigrantes y activistas buscan reorganizarse para que el Legislativo estadounidense negocie finalmente una reforma migratoria que resuelva la situación de once millones de inmigrantes que viven bajo el calificativo de “indocumentados”.

En Yakima, la reunión fue liderada por Ricardo Rodríguez, representante de la organización pro derechos humanos OneAmerica.

“Queremos ‘exigirle’ al presidente Obama una reforma migratoria porque el ganó la presidencia gracias al voto latino”, dijo Rodríguez al inicio de la reunión.

El activista también dijo que el éxito de una reforma en el sistema de inmigración sólo llegaría si la comunidad latina se une y crea una fuerte presión a nivel nacional.

“Es importante salir a marchar y exigir una reforma migratoria comprensiva”, dijo Rodríguez. “Tenemos que volver a organizarnos para solucionar éste ‘vía crucis’ que tenemos los hispanos”, resaltó.

“(Como indocumentado) siempre he vivido una vida normal, hasta que llegó el tiempo de ir a estudiar a la universidad y no poder acceder a becas porque no tenía número de seguro social”, dijo Noel Solano, un estudiante del Colegio Comunitario del Valle de Yakima (YVC) quien recientemente supo que su solicitud para el programa de Acción Diferida había sido aprobada.

“Para mí este es un tema personal, no tengo miedo de exigir una reforma para que mi familia se quede acá y no sea expulsada”, dijo Solano.

Por otra parte, María Morfín, otra activista local, dijo que la comunidad hispana de Yakima debe buscar nuevos líderes jóvenes para que sustituyan a los viejos activistas.

“Necesitamos manos jóvenes que nos remplacen. A muchos de nosotros ya se nos están acabando las fuerzas”, dijo.

Morfín también dijo que se necesitan candidatos que hablen español para que se lancen a cargos políticos y felicitó el actuar de Pablo González, un joven estudiante de 21 años que se lanzó como candidato al Legislativo de Washington.

“Éste joven siempre ha estado con nosotros, se lanzó y perdió por poquito. Pero estamos seguros que en la siguiente campaña, ganará la elección”, subrayó la activista.