Poco a poco, la aprobación de solicitudes al programa federal de Acción Diferida para Arribo de Menores o DACA, empieza a pintar sonrisas de alegría en los rostros de aquellos jóvenes que, en algún momento, vivieron como indocumentados.

Para algunos, la aprobación del programa les da la oportunidad de salir de la oscuridad y continuar soñando con una solución migratoria permanente. Mientras que, para otros, DACA, sólo es un pequeño consuelo frente al dolor de la separación familiar, ocasionado por un sistema de inmigración que necesita ser revisado a nivel federal.

Luego de años viviendo sin papeles, Griselda Laguna-Gómez, no tiene tiempo para celebrar su tan esperada “legalidad”, después de que el Departamento de Inmigración y Ciudadanía de Estados Unidos (USCIS), aprobó su petición al programa de Acción Diferida.

La joven de 18 años, debe enfocarse por terminar su último año en la preparatoria Sunnyside, pero también, velar por el bienestar de sus tres hermanos menores.

En su hogar, el único retrato familiar que cuelga en una pared, ahora está incompleto. En 2006, su padre fue deportado y nunca más volvió a saber de él. En julio pasado, su madre Maximina Gómez-Cortez fue arrestada por trabajar con un número de seguro social que no le pertenecía y posiblemente enfrente una deportación.

Frente a toda ésta adversidad, la muchacha no ha perdido la ilusión de salir adelante y siente que, con la llegada de Acción Diferida a su vida “ahora podrá tener un futuro más seguro”.

“Yo siempre supe que no era de éste país. Crecí pensando que no tenía los mismos derechos que las demás personas”, dijo Laguna-Gómez en una entrevista desde su domicilio en Sunnyside. “Incluso llegué a preguntarme para que ir a la escuela si nunca podré ser una profesional como mis hermanos. ‘Ellos podrán ser lo que quieran, pero yo no’”, subrayó.

La historia de ésta muchacha es similar a la de cientos –quizá miles–de jóvenes que viven como indocumentados en el Valle de Yakima. Laguna-Gómez, fue traída a Estados Unidos desde México, cuando sólo tenía dos años de edad. Sus tres hermanos son ciudadanos estadounidenses.

“Ahora siento que podré trabajar como las otras personas y salir sin temor a ser deportada”, dijo Laguna-Gómez quien afirma que luego de graduarse de la preparatoria buscará ingresar a la escuela de medicina “para ser una doctora que cuide de los demás”.

“Siempre he querido ser una doctora o enfermera, ahora voy a luchar por hacer ese sueño realidad”, dijo la joven indicando que esa, es una promesa que le ha hecho a su madre con la que sólo tiene comunicación telefónica.

“Mi madre cometió un error por utilizar un número de seguro social, pero ella no es una criminal. Ella sólo quería trabajar para ayudarnos a nosotros”, resaltó Laguna-Gómez.

Finalmente documentada

“Mis padres llegaron acá en busca de un mejor lugar para vivir. Un lugar con mejor futuro para mí y mis hermanos”, dijo Ana Marlene Salgado, una joven de 22 años quien la mayor parte de su vida, ha vivido como indocumentada. Una etapa, que para ella, “felizmente, ya terminó”.

Al igual que Laguna-Gómez, Salgado tenía sólo tres años cuándo sus padres la trajeron al país, de su natal Morelos, México. Hace sólo unas semanas, USCIS aprobó su petición para Acción Diferida.

“Para mí, esto significa mucho. Es la razón por las que mis padres me trajeron a mí a mis hermanos”, dijo Salgado. “Ahora podré estudiar y trabajar… simplemente buscar un mejor futuro”, añadió.

Salgado se enteró de Acción Diferida en julio y con tres de sus seis hermanos iniciaron una petición de aceptación al programa. Sin embargo, hasta la fecha, sólo ella ha sido aceptada.

“Todo esto es como un sueño, todavía no lo creo. Toda mi vida esperé una ley como ésta”, dijo salgado mientras revisa detenidamente los documentos que le recuerdan que, su sueño, es ahora una realidad.

“Siempre he querido ser una persona importante en la vida… ahora pienso trabajar duro para empezar una carrera como enfermera y ser un ejemplo para mi pequeño hijo”, subrayó Salgado.

Establecida como una orden ejecutiva del Presidente Obama, en junio pasado, Acción Diferida sólo otorga un permiso temporal de trabajo por dos años y no ofrece un camino a la residencia temporal o ciudadanía. Pero para éstas dos muchachas, el contar con un estatus legal es mejor que sólo seguir soñando.

“Siento que deberíamos tener un camino a la residencia porque no fue nuestra decisión venir acá, nosotros fuimos traídos, y hemos demostrado que no hemos cometido delitos”, dijo Salgado. “Creo que el presidente (Obama) o las personas que hicieron realidad éste trabajo, ahora deben buscar una solución permanente”, subrayó.