No todo en la vida es eterno y menos cuando de trabajo se trata. En las próximas semanas la junta directiva de La Casa Hogar, un refugio para inmigrantes hispanohablantes, anunciará sus primeros cambios administrativos en más de una década.

Desde hace 14 años, Carole Folsom-Hill se ha desempeñado como directora ejecutiva de este lugar y aunque el rumor de su jubilación ha sonado por algún tiempo, este año su decisión de retirarse del campo laboral parece inminente.

Según Folsom-Hill, hasta esta fecha no sabe si su retiro será “en los próximos, dos, cuatro o seis meses”, sin embargo “lo tiene contemplado” seriamente. Ningún anuncio oficial se ha realizado por parte de de la junta directiva de La Casa Hogar.

No obstante, se sabe que la junta está ultimando los detalles para dar a conocer —en unas semanas— la vacante al puesto de director ejecutivo, según detalló Luz Monroy, directora de programas de La Casa Hogar, en entrevista.

El plan hasta ahora incluye contratar al nuevo director (a), quien permanecerá con Folsom-Hill por un tiempo para ser capacitado. Éste es quien decidirá si trae su propio equipo de trabajo o deja la actual planta laboral, explicó Monroy.

El nuevo director ejecutivo debe “estar entregado a la comunidad, que ame y tenga pasión por el trabajo. Cuando amas algo que estás haciendo pones más atención al resultado y no al horario (de trabajo). Trabajamos por metas”, sugirió Monroy, quien laboró en este puesto hasta hoy, jueves, 31 de julio.

Monroy es la primera de las colaboradoras de Folsom-Hill que renuncia a su puesto en La Casa Hogar. Según aclaró, su decisión se basó en un cambio de trabajo, ya que ahora comenzará un empleo en un programa de la iglesia Católica dedicado a familias.

Como muchos inmigrantes hispanos que llegan al Valle de Yakima, Monroy arribó a este condado con poco conocimiento de inglés, pese a que poseía una profesión en mano (ingeniería civil) y amplia experiencia en su ramo, no la pudo ejercer. En La Casa Hogar encontró no sólo el conocimiento sino la motivación para enfrentarse a la vida en este país. Halló “una familia”, comentó.

Trece años atrás era estudiante de inglés, luego voluntaria, más tarde empleada de contabilidad y finalmente directora de programas. Durante ese tiempo trabajó al lado de Folsom-Hill y junto a ella han visto los frutos de su trabajo y el de las demás empleadas.

Entre los logros más relevantes están el nuevo sistema para evaluar el impacto de las clases en la vida de los estudiantes. Con este programa la enseñanza no termina en el salón de clases sino fuera de éste. Se basa en que el estudiante cumpla con la meta de la clase a la que asistió. Por ejemplo, si tomó la clase de manejo, se espera que obtenga su licencia. Si asistió al curso de ciudadanía, el paso final es lograr su ciudadanía, explicó Monroy.

De esta forma, las clases que se imparten en La Casa Hogar –inglés, pre GED, GED, computación básica, manejo, ciudadanía, clases para padres, servicios a niños en edad preescolar y escolar– y en iglesias voluntarias de Yakima y Wapato, facilitan la transición de los estudiantes a la vida cotidiana y laboral.

Otro de los cambios es la participación de hombres en algunas de las clases. Desde su fundación, La Casa Hogar siempre se conoció por servir a mujeres y niños en edad preescolar. “Así era cuando yo llegué y seguimos esa tradición”, explicó Monroy.

En 2007, los hombres fueron incluidos en las clases para padres (madre y padre). Con estas clases esta instancia comenzó a servir familias. Debido a la demanda de estudiantes, el año pasado los hombres también se incluyeron en las clases de ciudadanía, impartidas en iglesias de Yakima y en Wapato. Más de 580 personas de distintas partes del valle se han beneficiado de este servicio de enseñanza cívica.

Aunque con estas adiciones, “la prioridad son las mujeres” y los niños en edad preescolar, reafirmó Monroy.

La Casa Hogar ha evolucionado en servicios en los últimos años, su personal está más capacitado en las áreas de enseñanza y en coordinación con universidades y dependencias trabaja para cumplir sus objetivos.

En los siguientes meses se avecinan más cambios que siembran un poco de “nerviosismo” entre la planta trabajadora, ya que es una experiencia nueva, aseguró Monroy. Sin embargo, pese a los nuevos retos en La Casa Hogar no hay “temor” porque esta casa es desde su fundación la misma en corazón, puntualizó. Siempre será la puerta que da la bienvenida a los inmigrantes hispanos que llegan al Valle.