En un inicio, Adolfo Gaspar no quería participar en la ceremonia de graduación de la preparatoria Ellensburg.

Con 21 años, Gaspar tiene más edad que la mayoría de los estudiantes. En un principio sentía vergüenza retornar a la escuela para concluir sus estudios. Ahora, está orgulloso de todo lo que ha hecho y logrado para obtener su diploma.

“Es algo que sólo sucede una vez y quiero celebrarlo”, dijo Gaspar. “Además, mi mamá quiere tener algunas fotos”.

Hace tres años, cuando cursaba el doceavo grado, le faltaban tres créditos para poder graduarse. Pero Gaspar no tomaba en serio los estudios y no tenía mucho tiempo para retomar las clases porque según él “tenía otros asuntos más importantes que tratar”.

“Adolfo regresó a México para poder obtener su ciudadanía y yo admiro eso”, dijo el director de la escuela, Jeff Ellersick. “Él perseveró para poder graduarse”.

Gaspar tuvo que mudarse a México por dos años para solucionar su estatus migratorio y poder volver a Estados Unidos con una visa que le permitiera establecer un camino a la ciudadanía.

Para el joven fue difícil alejarse de su familia y de la ciudad donde había crecido desde que asistía a la escuela primaria, pero resaltó que eso “valió la pena”.

A su regreso a Ellensburg, Gaspar encontró un trabajo a tiempo completo en Twin City Foods, pero sus padres le aconsejaron que retorne a la escuela para que pudiera hacer realidad su sueño de enlistarse en la Infantería de Marina (Marines).

“Hubiera sido muy fácil renunciar (a la escuela) porque estaba ganando buen dinero”, dijo Gaspar. “Pero, no quiero trabajar 12 horas al día para siempre. No es una vida ideal”.

Así que, en el otoño pasado, Gaspar retomó las clases y siguió trabajando a tiempo completo en una tienda 7-Eleven. Asistió a la escuela alternativa, pero no le gustó y volvió a su antigua preparatoria.

Balancear el trabajo y los estudios fue una agotadora labor, los consejeros estudiantiles le ayudaron a transferir algunos de los créditos de la escuela donde asistió en México.

Eso le permitió dejar de tomar algunas clases y concentrarse en completar los requisitos para poder graduarse, como el proyecto mandatorio de graduación. Para ello, Gaspar trabajó junto a su hermano de 8 años de edad, quien padece de Síndrome de Down, en un programa de terapia lingüística.

Ahora, sigue trabajando en 7-Eleven y en su tiempo libre ayuda a un amigo instalar rociadores de césped.

“Me gusta trabajar, así puedo comprarme algunas cositas o invitar a mis hermanos, porque yo no tenía nada de eso cuando era muchacho”, dijo Gaspar. “Por ejemplo, nunca aprendí a nadar. Ahora, estoy tomando clases de natación y preparándome para el entrenamiento militar”.

Gaspar se ha enlistado en la Infantería de Marina y en diciembre empezará su entrenamiento. Quiere especializarse en la mecánica de aviones y hacer de ello su carrera.

“Quiero cambiar la perspectiva que hay sobre los hispanos y pensé que uniéndome a los Marines lo haría”, apuntó.

El próximo verano, Gaspar planea celebrar su graduación del entrenamiento básico y convertirse en ciudadano estadounidense.

“Espero que mi historia motive a alguien más. Si algún día tengo hijos y no quieren tomar la en serio escuela, voy a mostrarles este artículo”.