Es martes, después de la una de la tarde. La sala de espera está llena. Cerca de quince personas esperan ser atendidas por un médico. Se supone que el horario de visitas es de 9 de la mañana a una de la tarde, pero dicen que en esta clínica los doctores no se van hasta ver al último paciente.

En la entrada, una intérprete ayuda a registrar a una persona que recién llega. Adiós a las hojas extensas de historial médico e información sobre seguro médico, ella sólo pide tres datos al visitante: nombre, teléfono y fecha de nacimiento. ¿Y cómo sabe si podrá pagar la cita? En este lugar no se necesita saber, los servicios médicos son gratis.

Sí, así como se lee. Aquí, en el Centro de Cuidado Médico (Union Gospel Mission Medical Care Center) en la ciudad de Yakima, las visitas al doctor son sólo cuestión de acudir. Los médicos y todo el personal que labora en esta pequeña clínica son voluntarios.

Y su principal objetivo es ayudar a quienes necesitan atención médica, pero no la pueden pagar porque no cuentan con seguro médico, ya sea porque no califican para obtenerlo o porque no pueden cubrir su costo.

Justo quien interpreta este día, Eva Paz, conoció este lugar hace tres años gracias a una amiga. Paz sufría de mareos fuertes, dolores de cabeza y en un par de ocasiones casi se desmayó en su trabajo, haciendo tortillas a mano. Aunque ella sabía que urgía que viera a un médico, no tenía dinero para pagarlo. Ni por su estatus legal, ni por su trabajo podría obtener cobertura médica.

Con la ayuda de su amiga, Paz llegó a esta clínica. “La doctora me escuchó con las veinte cosas que tenía que decirle. Me mandaron a hacer exámenes al Hospital Regional y no pagué ni un centavo”, dice Paz.

Desde ese día, Paz y su familia acuden a esta clínica para cualquier necesidad médica. Como agradecimiento, en ocasiones ayuda a interpretar —aunque no habla inglés bien, dice— y a veces comparte sus alimentos con los doctores. Y siempre trata de comprar su medicina, los genéricos son su mejor opción, comenta.

Hace unos días, Paz sufrió un accidente y terminó en la sala de emergencias de un hospital. Su factura fue de alrededor de 1,500 dólares. “Ya me mandaron el cobro del hospital y se va a colección en una semana”, explicó. Paz sabe bien cuánto cuesta recuperar la salud en este país, por eso aprecia mucho a todos los voluntarios de la clínica.

Entre ellos, al doctor Ryan Crafts, director de este centro desde hace tres años y quien, además, fue galardonado como uno de los héroes de Yakima, hace unos días. Crafts cree en la práctica médica en beneficio de sus pacientes, “para ayudar a la gente en lugar de mandarlos a la quiebra”, afirma.

Hace seis años este doctor renunció a su trabajo en una clínica de medicina familiar en Yakima, por los altos costos que se cobraba a los pacientes. Desde entonces practica la medicina en forma altruista. “Para que quieres ser rico si alrededor hay gente pobre”, dice, al contestar la pregunta sobre el salario que podría estar percibiendo en otro lugar.

Ni a él ni a sus colegas voluntarios le importa esto. Él y su equipo crean “programas que ayudan a la gente. Me siento bien cuando me voy de la oficina”, comenta. A su lado trabaja un cuerpo médico voluntario de: un ortopedista, un quiropráctico, dos terapeutas físicos, doctores especialistas en reumatología, otorrinolaringología y oncología. También estudiantes de medicina osteopática y su profesor, del Pacific Northwest University of Health Sciences (PNWU). Además, una enfermera y diversos intérpretes.

En ocasiones llegan a tener hasta 100 pacientes en dos días, dice el director. El año pasado atendieron más de 1,200 visitas, muchos de ellos hispanohablantes. Y este servicio sólo se logra con el apoyo del personal y gracias a las donaciones monetarias, de aparatos médicos y de medicamentos que llegan a sus instalaciones, así como de un presupuesto anual de 12,000 dólares proveniente de Union Gospel Mission, dijo Crafts.

Los pacientes son trabajadores del campo, de las empacadoras, de todas partes, y no indigentes como muchas veces se piensa, confirma Crafts, quien a sus 40 años dirige la clínica que más ofrece a quienes más lo necesitan.