El intento de secuestro de una menor ha causado conmoción en el valle, no solo por el acto criminal como tal, sino porque los que la abdujeron también son menores de edad.

La mañana del lunes, 27 de enero, cuatro jóvenes que tenían los rostros cubiertos con pañuelos detuvieron a una menor de 15 años de edad, cerca de la cuadra 60 de la avenida West Washington, en Yakima y la forzaron a entrar en la cajuela de su vehículo, mientras que a su acompañante le robaron todas sus pertenencias. Según el reporte oficial del Departamento de Policía de Yakima, uno de los jóvenes portaba un arma de fuego y habría amenazado de muerte a la menor si prestaba resistencia.

Los cuatro jóvenes cuyas edades oscilan entre 16 y 17 años de edad, son estudiantes de la secundaria Highland y habrían planeado el macabro secuestro la noche anterior del crimen. Es decir, fue un acto delincuencial premeditadamente ideado con alevosía y ventaja.

No obstante, la menor logró alertar a la policía y ofreció detalles de los captores, así como el tipo de vehículo donde estaba siendo transportada. Los oficiales pudieron rastrear el celular de la muchacha y arrestar a uno de los captores que conducía el vehículo cerca de Bumping Lake en Yakima. Los otros tres implicados fueron arrestados tras retornar a la escuela.

La menor fue encontrada sana y salvo, pero su final pudo haber sido distinto de no haber tenido la valentía de reportar el crimen desde el cautiverio.

Debido a la gravedad del caso, tres de los captores tienen fianzas por 500 mil dólares, y uno por 250 mil dólares, pero todos serán juzgados como adultos. Ellos enfrentan cargos por secuestro y robo. La pena mínima por secuestro es cinco años de cárcel y la máxima es cadena perpetua.

Los padres de uno de los jóvenes implicados alegan que su hijo tiene un coeficiente intelectual menor al de su edad, debido a lesiones cerebrales que sufrió anteriormente y que el juez debería tomar ello en cuenta a la hora de juzgarlo. Incluso, según detalla su abogado buscan pagar la fianza con la hipoteca de su casa.

Es entendible la reacción de los padres, quienes pueden sentirse defraudados por los actos que han cometido sus hijos. Pero lo cierto es que se trata de un hecho muy grave que no puede justificarse. El rapto terminó con la liberación de la joven y el arresto de los implicados, pero pudo haber terminado de manera distinta y con consecuencias fatales. La vida de la joven estuvo en peligro y existió una conspiración para realizar el secuestro.

Es lamentable que sucedan este tipo de casos en nuestra comunidad, sobre todo cuando se trata de desorientados menores que quiebran el brillante futuro que tienen en Estados Unidos. En este periódico hemos tratado de perfilar a los jóvenes hispanos que sobresalen frente a las dificultades, como el caso de jóvenes indocumentados que tratan de ingresar a las universidades para alcanzar el sueño del éxito.

Contrariamente, el actuar de estos jóvenes raptores de origen hispano es decepcionante. Consideramos acertada la decisión de la Corte Superior del Condado de Yakima de juzgar a estos jovencitos como adultos. Es importante que aprendan las consecuencias de sus actos y que los hechos criminales se pagan tras las rejas.

Los padres deben asegurarse de no dejar armas al alcance de sus hijos en sus viviendas y deberían conocer mejor las amistades que ellos frecuentan. Si sus hijos tienen problemas de conducta, busquen ayuda profesional. No deje que estos actos sucedan en el seno de su familia.