Tovías Magaña, es uno de esos inmigrantes mexicanos que cambiaron los campos de Michoacán, México, por los del Valle de Yakima. Su historia es similar a la de muchos otros que apostaron por el llamado Sueño Americano.

“Cada mañana que me levanto puedo respirar tranquilo porque veo mi rancho y mis productos”, dice Magaña, de 57 años de edad y quien es dueño de Magaña Farms, un huerto localizado en Sunnyside que produce maíz, calabaza, pepino, ajo, cebolla, chícharo; así como distintas variedades de tomate y fruta.

“Estoy muy agradecido por todo lo que éste país me ha dado”, subraya Magaña mientras contempla su rancho de 14 acres.

Es que en verdad, Magaña quien llegó como indocumentado a Estados Unidos en 1977, está muy agradecido. Sobre todo, con el ex presidente Ronald Reagan, a quien según él, “le cambió la vida”.

“Ojala que Dios lo tenga en su gloria, fue un hombre muy bueno”, dice Magaña sobre el líder republicano, quien en 1986, firmó una histórica ley de amnistía que concedió estatus legal a casi 3 millones de inmigrantes no autorizados.

Magaña fue uno de aquellos inmigrantes que se benefició de esa ley que les cambió, literalmente, la vida.

Hoy, Magaña es un hombre dedicado a la labor del campo y siempre está trabajando en formas de mejorar su rancho y la calidad de sus productos agrícolas.

Hace un par de años, una financiación del gobierno federal le permitió mejorar el sistema de irrigación de sus campos de maíz y otra subvención, le permitió construir un invernadero para la cosecha de tomates.

Ahora, quiere pedir un préstamo para instalar un congelador que le permita conservar sus productos y seguir vendiéndolos durante la temporada de invierno. Un tiempo que lo deja sin trabajo y desnuda sus árboles.

“Antes no sabía sobre los créditos y la ayuda que ofrece el gobierno [federal]”, dice Magaña.

En realidad, hay muchos beneficios para los agricultores inmigrantes que tienen un estatus legal en el país, ya sean residentes permanentes o ciudadanos naturalizados, dice Malaquías Flores, coordinador del Programa Hispano en Washington State University.

Flores, quien tiene trabajando cerca de 12 años con los trabajadores campesinos del valle, dijo que su trabajo consiste en motivar a los trabajadores inmigrantes para que se registren con la Agencia de Servicios Agrícolas.

“Para poder recibir estos beneficios del gobierno, los trabajadores agrícolas deben participar del censo agrícola”, dijo Flores. “Si el gobernador declara pérdidas agrícolas debido a una causa natural, el gobierno federal ofrece subvenciones para recuperar esa perdidas”, subrayó.

Eso fue exactamente lo que le pasó a Magaña en 2010, cuando 200 de sus árboles de fruta donde cosechaba cereza y nectarina, se echaron a perder debido a una fuerte helada.

“El gobierno me dio un dinero por el valor de esos árboles perdidos”, dice Magaña quien comercializa sus productos en los mercados de productos agrícolas en Seattle.

Entre sus clientes por mayoreo resaltan el supermercado Fiesta Foods en Sunnyside y Mercado Latino en Grandview. Pero también se encuentran las escuelas de Seattle, Wenatchee y Sunnyside que entregan sus frutas y verduras a los estudiantes durante el menú del refrigerio.

“Siento muy cómodo por todos mis logros, muchos aprecian mis productos. Especialmente los niños de las escuelas”, dice Magaña. “Estoy feliz en mi rancho”.

Si desea información técnica sobre agricultura, puede contactar a Malaquías Flores, al teléfono 509-952-3346 o escribirle al correo electrónico mflores@wsu.edu.