WAPATO — Durante años, familias de bajos recursos han concurrido a un banco de alimentos rural en busca de ayuda. Este no va desaparecer, sin embargo, las familias necesitadas deben aprender a ayudarse entre sí.

Al norte de la secundaria Wapato, más de 20 canteros llenos de plantas de tomate y pimienta, se encuentran a disposición de diez familias que residen en un complejo de viviendas cercano. No obstante, estas familias deben regar y nutrir las plantas para cosechar buenas producciones.

Jesse Farías, alcalde de Wapato, dijo que la ciudad decidió asociarse con un centro tecnológico local para crear un jardín comunitario, luego de ver que por años, personas necesitadas adquirían sus vegetales de esa forma.

“Vamos agregar las verduras a su dieta”, dijo Farías. “Sabíamos que había una necesidad. El banco de alimentos en Wapato se usa mucho, como también el programa de alimentos para ancianos, así que vemos la necesidad de hacer esto”, subrayó.

Wapato se encuentra dentro del área de la reservación Yakama, donde la pobreza es alta y las oportunidades escasas. 42 por ciento de la ciudad de 5,030 habitantes, en su mayoría latinos, viven en o por debajo del nivel de pobreza, de acuerdo a datos del censo de 2012, es decir, una familia de cuatro integrantes vive con un ingreso anual de 23,283 dólares.

Chris Gerke, organizador del banco de alimentos, dijo que en sus 20 años de labor, la necesidad nunca ha disminuido.

“Es muy constante”, dijo ella. “Estamos abiertos todos los martes y viernes, y llegan entre 75 y 100 familias cada día que estamos abiertos”.

Un jardín comunitario no va a resolver el problema, pero ayudará a que la gente se alimente más saludablemente, dijo Barb Peterson, quien redactó la subvención estatal del proyecto.

Además de comer mejor, la jardinería también fomenta una vida más saludable, según un estudio reciente realizado por la Universidad de Utah. El artículo, publicado en la revista American Journal of Public Health, mostró que los que trabajaban en los jardines comunitarios son menos propensos a la obesidad.

La mayoría de las familias involucradas en el jardín comunitario de Wapato son jóvenes, que viven en apartamentos de bajos ingresos y nunca han trabajando en un jardín antes, indicó Peterson.

Farías se unió con Peterson, quien labora en Northwest Learning Achievement Center, para obtener la subvención estatal de 18 mil dólares y así comprar los materiales y las matas necesarios para el jardín. La ciudad donó seis acres para el proyecto.

Farías dijo que el proyecto ha fomentado una gran cantidad de asociaciones.

Los presos de la cárcel de la ciudad trabajaron en la limpieza de malezas del terreno y Pacific Power contrató una compañía que recorta arboles para donar virutas de madera. A parte se contó con la mano de obra de los estudiantes de Job Corps.

Los residentes pagan 20 dólares cada temporada de cultivo por un espacio que mide 4 por 8 pies. Este mes, las familias comenzaron a sembrar cultivos de otoño, como la coliflor y las espinacas, que crecen hasta octubre, dijo Peterson.

Agregó que el proyecto ayuda a los residentes que no pueden pagar por el costo de mantención de un jardín.

“Creo que la necesidad es grande en todas partes y aplaudo lo que están haciendo”, subrayó.