En este día me refresco con un té frío con limón (mi primer trago). Me sorprendí muchísimo cuando leí en el periódico diario, el Yakima Herald-Republic, el reportaje sobre el costo de materiales que los padres tienen que hacer para mandar a sus niños durante los primeros cinco años de escuela. En la escuela Adams, el costo promedio de útiles es de $28.84; en la escuela Gilbert es de $35.27. El resto de las escuelas el promedio es similar. Estos costos son basados en listas preparadas por los maestros y son de materiales que los estudiantes necesitan que comprar en preparación para el primer día de escuela. ¡La lista puede incluir botellitas de desinfectante para las manos!

Los padres se quejan y con buena razón. Pues hay familias en donde dos o tres estudiantes atienden estas escuelas. Eso quiere decir que los padres reciben dos o tres listas, que aumenta el costo para mandar esos chiquitines a la escuela. “Además”, dicen los padres, ‘también tenemos que comprarles ropa, zapatos, mochilas; no tenemos el suficiente dinero para cumplir con nuestros hijos como quisiéramos hacerlo”. La verdad es que yo tampoco comprendo esos costos que los padres tienen que hacer en la preparación del regreso a la escuela. Ahora, en defensa de las escuelas, tampoco sé si las listas son recomendaciones de los materiales que se necesitan o si son mandatorios.

Otra pregunta que se puede hacer es que si, ¿Los materiales deben ser nuevos o usados? Por ejemplo, si las tijeras que compró el año pasado se pueden volver a usar, o si pueden llevar los estudiantes lápices ya usados de casa. Mi consejo a los padres es que lo piensen bien, antes de hacer esos gastos. Pregúntenle a la maestra que si hay excepciones a las listas. Una familia con dinero, muy bien puede hacer los gastos, pero la verdad es que la mayoría de estudiantes en las escuelas primarias de Yakima, son de familias pobres. Hay que reconocer, que también son muy obedientes a lo que la maestra quiere y se sacrifican por comprar los materiales en la lista (otro trago de té frío).

Me acuerdo muy bien cuando mi madre me mandó a la escuela por primera vez. Yo tenía siete años. Ella me llevó el primer día, me dejó en el salón en donde la maestra nos recibió, y aunque poco tímido, me quedé sin llorar. Solamente llevaba conmigo un lápiz amarillo y una tableta con una cubierta roja y con estampa de un indio. La maestra en su gabinete tenía tijeras, crayolas, y otros artículos que íbamos a usar para el comienzo de nuestro aprendizaje escolar.

En otras palabras, el costo que mi madre tuvo que hacer fue cincuenta centavos. De ese año en adelante, el costo más grande que mi madre tenía que hacer cada año fue de comprarme un pantalón, una camisa y zapatos. Nunca me quejé; siempre acepté las circunstancias que la pobreza presentaba. El propósito de ir a la escuela siempre fue de recibir una buena educación. Los maestros y maestras también sabían su misión de educarnos (mi último trago de té frío).

Todo cambia a través del tiempo. Uno de esos cambios ha ocurrido en las escuelas. La populación de habitantes sigue creciendo y con eso las escuelas se enfrentan con distintos desafíos: en veces no hay suficiente espacio para acomodar a los estudiantes; los problemas asociados con la pobreza son más complicados porque hay más estudiantes que tienen todo y otros que no lo tienen, pero desean tenerlo; hay problemas de disciplina, pandillas y presencia de armas y drogas. Hay escuelas que tienen más dinero que otras, consecuentemente la calidad de la educación carece en algunas escuelas. Los maestros son trabajadores de ocho a cuatro, salen muy cansados y dejan las preocupaciones de sus estudiantes en el salón de clase. En tiempos pasados los maestros hacían tiempo para visitar a los padres en sus casas para discutir inquietudes de sus estudiantes.

Hoy en día, el sistema trata de ser más abierto con los padres y los invitan a que participen en las conferencias de padres y maestros para comunicar el progreso de los estudiantes. No todos los padres llegan a estas conferencias. Aun así, y confrontándose a los desafíos, la educación sigue siendo la mejor arma para el progreso de la sociedad y hay un sistema educativo que garantiza el objetivo.

Finalmente, si hay problemas con el costo de los materiales que los estudiantes deben tener éste Septiembre, sépanlo que las puertas están abiertas para quejarse, negociar y cambiar esa situación. Ustedes los padres tienen esa responsabilidad, simplemente porque la educación de sus hijos e hijas es de mayor prioridad.

• Ricardo García es un columnista del Valle que contribuye semanalmente con ésta publicación. Tomando Café, representa la opinión personal de García y no necesariamente la de El Sol de Yakima.