11,5 millones de inmigrantes indocumentados esperan que éste año el Congreso de Estados Unidos apruebe una ley de reforma migratoria, pero anhelan que ésta les dé la oportunidad de convertirse en ciudadanos.

Tanto demócratas como republicanos saben que nuestro actual sistema de inmigración está roto y que se necesitan hacer cambios estratégicos para enfrentar los desafíos de los próximos años. De no hacer algo al respecto, es posible que en el futuro tengamos un gran caos sobre inmigración.

El Senado ha hecho su parte, ocho senadores de ambos partidos conocidos como el grupo de ocho, desarrollaron una propuesta de ley que avistaría la posibilidad de la ciudadanía para los indocumentados, reforzaría nuestras fronteras, generaría nuevas visas de trabajo y haría mandatorio el sistema de verificación de empleo (E-Veriy), en el mercado laboral.

Aun así, parece que la Cámara de Representantes se tomará su tiempo para definir y actuar sobre ésta problemática. No se aprecia un clima de interés como se vio en el Senado. Olvidan que tal vez, encontrar una solución a inmigración podría definir la elección presidencial de 2016.

Mientras la reforma migratoria siga siendo visto como un tema político y no de necesidad prioritaria, millones de indocumentados seguirán laborando con documentos falsos, empleadores seguirán explotando con bajos salarios, y mujeres inmigrantes seguirán siendo víctimas de acoso, como hace poco dio a conocer un reporte nacional de PBS.

Los indocumentados no esperan un camino fácil que los conlleve a la ciudadanía, tampoco esperan una amnistía similar a la de 1986. Muchos coinciden en la necesidad del pago de una multa, pago de impuestos atrasados y estar libre de antecedentes penales.

La propuesta del Senado establece un largo camino de más de 13 años para que los indocumentados calificados obtengan la ciudadanía. Es decir, les va a costar mucho, pero está legalización tiene sentido, sobre todo viniendo de un país que defiende la igualdad de derechos y justicia social.

De acuerdo a una encuesta de The Associated Press-GFK, publicada en abril, el 63 por ciento de los estadounidenses están a favor de que los inmigrantes sin papeles puedan hacerse ciudadanos del país.

Este dato debería ser seriamente evaluado por John Boehner, líder de la Cámara de Representantes, quien parece estar decidido a no llevar a votación ninguna que ley que beneficie a los inmigrantes sin documentos.

Habría que recordarle a Boehner que los indocumentados representan el 5,4 por ciento de la fuerza laboral del país. En el Valle de Yakima, los campos agrícolas estarían quebrados sin el trabajo que realizan.

Estados Unidos es un país fuerte porque es un país creado por inmigrantes. Es hora de contar con una moderna legalización que honre la diversidad cultural de nuestra sociedad, que reconozca el beneficio que hacen los inmigrantes a la economía del país y que se les otorgue los derechos que todos los estadounidenses tenemos.

Es tiempo de que el Congreso renueve las leyes de inmigración.