Después de una jornada de trabajo, María Barragán, aparta una hora para sí misma. Como le fascina el baile, toma clases de Zumba. Así que entre ritmos de cumbia, merengue, salsa, quebradita y reggaetón se concentra en ejercitar y tonificar su cuerpo, además disminuir el estrés acumulado durante el día.

Su clase, a diferencia de otras en la ciudad de Yakima, es impartida en español y a ésta asisten mujeres de origen latino en su mayoría.

“Me siento a gusto porque muchas somos mexicanas, nos conocemos de la escuela, de la bodega”, comentó Barragán al terminar su clase.

Aunque el sudor corría por su cara, Barragán, también explicó que contrario a pensar que después de la clase estaría más cansada, sucede que tiene más energía, tonifica su cuerpo, se siente relajada y mantiene su peso, porque también ha perdido 30 libras desde que practica esta disciplina.

Otro aspecto que la motiva para acudir cada martes y jueves a su clase de Zumba, es la instructora, Sylvia Sánchez, ya que ésta se concentra en las necesidades de sus alumnas y en su ritmo de aprendizaje, dijo Barragán, con dos años acudiendo a esta clase.

Con esta última opinión coincide la instructora de Zumba. Sánchez explica que selecciona con detalle las rutinas de ejercicio para sus alumnas. “Tienen bastantes movimientos para ayudar a trabajar partes del cuerpo como abdominales, piernas…”, que es lo que ellas quieren.

También los ritmos responden a las asistentes, agrega Sánchez, lo que a ellas les gusta bailar y escuchar.

Como instructora de Zumba y de Zumba Toning certificada, Sánchez combina su clase con pesas y las rutinas tradicionales de esta disciplina basada en los movimientos de la música latina.

Su clase varía en números, dependiendo de la época del año. Muchas de sus alumnas son inmigrantes de origen latino y algunas laboran en empacadoras locales. Así que mientras descansan la asistencia a su clase puede ser de hasta 60 alumnas y cuando laboran se reduce a la mitad.

Pese a estas altas y bajas en números, Sánchez anima a sus alumnas a asistir. “Desde que comencé mi enfoque fueron las personas de origen hispano”, subraya la instructora, mientras recuerda que los horarios y el costo de la clase los adaptó desde 2008 a las necesidades de sus alumnas.

Hoy una clase cuesta cuatro dólares, explica Sánchez. Un precio accesible para muchas.

“No necesitan membresía, ni tarjetas. Pagan cada clase”, dijo. Aunque lo más importante es que reciban los beneficios de hacer ejercicio como mejorar su salud, bajar los niveles de colesterol y de azúcar en la sangre, disminuir el estrés, el agotamiento, sugirió Sánchez.

La meta es crear una cultura de ejercicio, que las asistentes hagan del ejercicio un hábito y que mejor que hacerlo rodeadas de amigas, conocidas, en su propio idioma, con la música que les gusta, eso es lo que ofrece la clase de Sánchez.

“Les aconsejo a que vayan a una clase, sea de Zumba, aeróbica, de yoga. Normalmente la primera es gratis. Vayan a tres o cuatro clases, hasta que se sientan cómodas. Enfóquense en mover los pies, las manos y sentirse cómodas”, dice Sánchez al concluir que “hacer ejercicio no tiene que ser aburrido sino divertido” y eso es lo que ofrece en sus clases de Zumba, a ritmo latino. Sylvia Sánchez.